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martes, 23 de junio de 2015

Elementos

Definitivamente mi mayor miedo se solidifica en el agua, el fuego me impone respeto, el aire me causa placer y a la tierra la he descubierto recientemente.

El aire me gusta, tal vez no pensaría en saltar en paracaídas pero a una escala más asequible me agrada sentir la brisa en la cara, disfruto aquellos días de fuertes ráfagas en que el viento se escabulle por debajo de la ropa y me hace vibrar.

Con la tierra he estado mucho tiempo sin apenas contacto, ha sido una revelación reciente con la que he empezado un acercamiento para entrar en armonía, se trata de una especie de conquista pacífica en la que utilizo mi cuerpo como arma principal. Aún estamos en fase inicial pero sé que esta relación irá estrechándose poco a poco.

Al fuego siempre le tuve cierto temor, aún ahora soy incapaz de encender una cerilla para evitar un posible contacto de la flama con la yema de mis dedos. Uno de los momentos más angustiantes de mi vida ocurrió cuando me vi atrapada en medio de un desfile tradicional en una de las avenidas principales de la ciudad; no sabía bien de lo que se trataba hasta divisar diablos gigantes escupiendo lumbre por la boca y gente temeraria saltando a su alrededor, bailando bajo toda esa lluvia pirotécnica, eso sí, cubiertos de pies a cabeza: yo en cambio iba vestida de verano con camiseta de tirantes y falda corta. Recuerdo que corrí a refugiarme bajo el portal de un comercio, ahí permanecí inmóvil con el corazón a mil esperando que ninguna llama despistada hiciera contacto conmigo.

Por el agua siento pavor, la escena del desfile resulta anecdótica al compararla con el agarrotamiento muscular que experimento al lanzarme a una piscina o adentrarme mucho en el mar, mi cuerpo se paraliza de tal manera que me sumerge en una batalla perdida de la que ni el instinto de supervivencia puede salvarme; como sucedió la vez en que estuve a punto de ahogarme sin poder reaccionar, afortunadamente mi hermano estaba cerca y me sacó a flote ante la mirada aterrorizada de mi madre que también teme al agua.

Hoguera
Foto: Ajuntament de Vilanova i la Geltrú (flickr)
Este es un breve resumen de la presencia de los elementos en mi vida. La noche de hoy está dedicada a uno de ellos, brasas arderán hasta convertirse en cenizas, a pesar de lo confesado anteriormente voy a aceptar la invitación de San Juan para ir al encuentro de las hogueras y de las llamas que escupirá el cielo, esta vez con la esperanza de que alguna me alcance y me haga reavivar aquel otro fuego, uno que nunca he visto pero que alguna vez sentí dentro de mi…

2 comentarios:

  1. Todos los elementos juntos. Aquí nos juntaremos con todos. El viento da presencia al aire. Pisaremos la tierra mientras vamos hacia el agua y nos secamos al borde de las brasas de las hogueras. Un abrazo.

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    1. Así es María!! Gracias por tu comentario, un abrazo.

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