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viernes, 6 de enero de 2017

La noche rusa

-No he tomado ninguna mala decisión en mi vida -dijo él.
-Todas las que he tomado yo han sido malas -dijo ella.

Brindaron por eso. Era el segundo chupito de vodka, la noche apenas empezaba y aún estaban en sus cabales para sostener las máscaras de dichas afirmaciones.

Se habían conocido unos meses atrás. Ella, gracias a una de esas malas decisiones empezó a trabajar en la empresa donde él trabajaba ya desde hacía bastantes años; cuando acertadamente decidió dejar su país y aprovechar la oportunidad que aquella compañía le brindaba. Ella también era inmigrante, pero su mudanza la había llevado a desviarse del camino pertinente en aquel momento.

Desde el principio se entendieron bien. Hablando cada uno en su idioma charlaban de la vida, la de él totalmente organizada perfilaba una línea recta, sin errores; la de ella, por el contrario, seguía un trazo zigzagueante lleno de traspiés. Ver el reflejo de lo que no se es o no se tiene, materializado en el otro, era atrayente para ambos.

chupito de vodkaLa noche avanzaba y las botellas de cerveza vacías se acumulaban ocupando buena parte de la superficie de la mesa. Llegó entonces el brindis del quinto chupito. El vodka comenzaba a notarse y trajo consigo el llanto de ella. Lloraba por el tiempo, como siempre…La fuerte presión del tiempo, el tiempo perdido, el tiempo irrecuperable, el tiempo implacable, el tiempo que no perdona, el tiempo que nada cura, el tiempo que se acaba…se lamentaba de haberlo encontrado a destiempo, y con él, el amor. 
No quería explicar sus lágrimas y aunque temía que el alcohol la traicionara provocando un manifiesto de sinceridad; aplacó los sollozos con otro trago, al menos así sino olvidaba el tema, caería desmayada de embriaguez. Él también estaba bastante borracho pero mantenía su habitual compostura. «Ah, siempre igual, ni siquiera el alcohol puede aflojarle las emociones», pensó ella. En el fondo le envidiaba eso, la soberbia tranquilidad de quien dice no arrepentirse de nada.

La taberna estaba ya vacía, era casi la hora de cerrar. Decidieron beber un último vodka antes de marcharse y volver cada uno a su mundo. Él se lo acabó de un trago, ella iba dando pequeños sorbos intentando dilatar el tiempo.  

2 comentarios:

  1. Una escena muy bien narrada, Karla. En poco espacio, has ambientado, has presentado dos personajes, nos has permitido conocerlos, incluso la relación que los une y hasta la distancia que los separa en cuanto a esa relación. ¡Impecable!

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    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario y valoración David!
      Un saludo

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