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lunes, 27 de marzo de 2017

Paseo dominical


Barcos en el puerto
Intento ver mi reflejo en las ondas del agua pero el banco en el que estoy sentada no se encuentra lo suficientemente cerca, y no me atrevo a estarlo más. Me aterra la fantasía de ser empujada y ahogarme sin remedio, la cual no sería, sin duda, mi manera preferida de morir, si se me permitiera elegir alguna…Pienso que podría asomar un poco la cabeza sin peligro pero me interrumpe un ruido ensordecedor: el puente va a abrirse de nuevo. Sucede casi cada hora cada vez que un barco tiene que cruzar. De repente el mar de gente que transita por ahí se detiene como cuando pausas una cinta de video; y esperan, inquietos e impacientes, como si les fuera la vida estar ya del otro lado. Aprovechan su frenada inmediatez para tomarse fotos antes de reanudar la marcha. Posan, pasan, pisan y pesan, pero el puente aguanta.

No es la primera alarma que escucho desde que llegué, así que deduzco que llevo varias horas sentada en el banco. Como solía hacer hace algunos años, en los que acostumbraba dar paseos dominicales que consistían en sentarme horas en ese mismo banco a observar los barcos y hacerme preguntas. Alguna vez tomé ahí ciertas decisiones importantes y también fotos a los barcos. Me parecía el lugar idóneo para aislarme en mis pensamientos, a pesar de ser uno de los sitios más recurridos de la ciudad yo estaba ahí sin que turistas, vendedores, alarmas y barcos me perturbaran.

Después de ver cruzar el barco decido que es hora de volver a casa. Aunque me siento cansada resuelvo ir caminando a fin de prolongar el paseo. Es el primer domingo de primavera, hay un sol brillante pero el viento es aún un poco frío. Mucha de la gente va en manga corta, yo llevo un abrigo de invierno porque salí de casa desde la noche anterior, mis recuerdos de lo que hice desde entonces son vagos e intermitentes; y tengo dudas sobre cómo llegué a sentarme aquí…

Camino a paso lento, en el trayecto me detengo a ver a un grupo animado de personas tratando con empeño de seguir pasos, movimientos y coreografías de un estilo de baile de una zona geográfica muy distante a la suya. Pienso que a veces esforzarnos no es suficiente y continúo. Ando por calles muy transitadas. En los cruces me quedo detrás, aterrada por la fantasía de ser empujada y morir atropellada sin remedio, la cual no sería mi manera preferida de morir, si me fuera permitido elegir alguna…Me interrumpe otro ruido, esta vez son las campanadas de la catedral anunciando la misa de las doce.

Empieza a faltarme el aire, así que apuro el paso, sin detenerme y esquivando todos los obstáculos del recorrido, como en un videojuego de esos que no me gusta jugar. Media hora después estoy ya subiendo las escaleras que llevan a la puerta de mi departamento. Por fin entro y casi ahogándome salgo a la terraza a respirar, me asomo por la balaustrada hacia la calle, empujando el cuerpo temerariamente hacia adelante. Me tranquiliza la fantasía de empujarme y morir sin remedio al caer, porque si pudiera elegir alguna…

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