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viernes, 23 de junio de 2017

Intenciones

Hay ropa tendida en el balcón de enfrente, 
el viento la sacude, lentamente, 
un suave vaivén que hace chocar las prendas unas con otras
pero que no es lo suficientemente fuerte para liberarlas de las pinzas,
hacerlas volar hasta desaparecer, 
y a mí con ellas...
Elevarme tan alto como el globo que escapa de las manos de un niño
y se esconde entre las nubes, 
esperando que sus abrazos de algodón
le impidan caer de nuevo. 
Pero esto no es posible,
ahora mismo ni un huracán levantaría mi cuerpo, 
los párpados me caen como telones que bajan para pedir aplausos; 
y mi mano derecha apenas se levanta lo suficiente para escribir estas líneas. 
Estoy anclada en la silla sin fuerzas para andar, 
la cabeza recostada en la mesa apenas se asoma de vez en cuando 
para comprobar si la ropa sigue en el balcón o me ha abandonado. 
De momento sigue ahí, 
«¿la dejarán fuera toda la noche?»,
hoy habrá mucho ruido por la calle con lo que será difícil dormir; 
o quizás peor, aún no lo sabe 
y la harán arder en una de tantas hogueras que en un rato se encenderán. 
Arderá y se extinguirá como los falsos deseos, fantasías, irrealidades,
historias y sueños que se quemarán por ahí...
Y entre sus cenizas tú, te quemarás con ellos, 
porque eres ellos…
Te echaré a las brasas 
y desaparecerás en el humo denso que me impide ver y aceptar lo que soy, 
lo que he elegido vivir.
Aunque aún no sé si estoy preparada para quemarte
entre sábanas y camisetas, 
las únicas que están ahí para escuchar mis contradicciones.
Mis vecinos se han olvidado de ellas 
como yo por momentos, de mí misma.
En breve comenzarán los primeros fuegos de la noche,
la presión me invade y siento que mi peso se duplica; 
las lágrimas que comienzan a caer no lo aligeran, 
atraviesan el papel y corren la tinta 
transformando las palabras en manchas 
que se asemejan más a mis intenciones, 
no se ve nada claro.

Javier Rubilar Flickr

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